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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Fresán: la soledad del escritor

Gracias a un link del blog de Iván Thays, leí una entrevista muy reciente al escritor Rodrigo Fresán en la que este postula una poética personal que, si bien pretende rescatar a Borges como su antepasado más ilustre, resulta claramente antiborgeana en más de un sentido. Veamos por qué:

"D.d: ¿Cuál es tu idea del concepto de "escritor"?

R.F.: A mí me gusta divertirme escribiendo, y además no perder para nada la parte del lector. Siempre digo que a los escritores se los puede describir mediante dos grandes grupos: están los escritores que leen –que para mí son estos escritores modelos, tipo Saramago, Sábato, un poco "pontificantes"- y demasiado compenetrados, para mí, con el mundo de la no ficción, en el sentido de su relación con la realidad ... Y del otro lado, están los lectores que escriben. Yo me siento más un lector que escribe en ese sentido".

Fresán identifica la llamada "relación con la realidad" y el "ánimo pontificante", dos cosas que no tienen por qué estar unidas: para no ir muy lejos, la obra de Borges mantiene estrechas relaciones con la realidad de su tiempo, pero a nadie se le ocurriría decir que Borges pontifica. Más allá de esto, ¿qué está detrás de la borgeana afirmación de ser un "lector que escribe"? Hablando sobre su relación con Roberto Bolaño, Fresán desarrolla el punto:

"Nos repartíamos como "zonas": él leía Europa Oriental y yo leía Estados Unidos… pero éramos muy amigos, la verdad que sí. Igual que con Enrique (Vila-Matas), son escritores con los que yo me siento muy identificado, porque me parece que son lo que te digo, básicamente lectores, para los cuales las raíces de ellos no están puestas tanto sobre el terreno, sino sobre la biblioteca, ¿no? Creo que viene de (Jorge Luis) Borges, en el sentido de eso, de que la falta de tradición sea una forma de tradición, finalmente, y que pase la cosa por la biblioteca, por las lecturas. Eso del lector que escribe, es una cosa muy argentina también: está en (Ricardo) Piglia, está en (Julio) Cortázar… No es nada nuevo".

Decir que las "raíces" de la obra de Borges están puestas "más sobre la biblioteca" y "no tanto sobre el terreno" implica reproducir viejos prejuicios, como la identificación de la literatura argentina con el género fantástico, y las superadas dicotomías entre la ficción y la realidad, la biblioteca y la calle, los escritores intelectuales y los escritores vitalistas. Pero sobre todo, las afirmaciones de Fresán parten de una lectura parcial de Borges, un escritor para quien el laberinto de la biblioteca, imagen recurrente y obsesiva, tenía tanto que ver con la literatura como con los horrores de la vida social y política.

De otro lado, ¿cómo se puede hablar de "falta de tradición" en Borges, cuando la totalidad de su obra ha sido interpretada en clave paródica por escritores como el mismo Piglia, que sitúa a Borges entre la gauchesca y los manuales de filosofía? Finalmente, Borges rescata a Hernández para reformular sutilmente la oposición entre civilización y barbarie, y se burla también de esa pretensión europeísta profundamente latinoamericana de acceder a un mundo cosmopolita de sabiduría y sofisticación. Tampoco la obra de Cortázar se podría entender sin referencia a una o varias tradiciones, y prefiero no hablar de Piglia.

"Yo pienso en el escritor como un caballero de fortuna: cada uno por su lado, y que de repente tu galeón se puede cruzar con el de Vila-Matas y nos saludamos, lanzando cañonazos, pero cada cual va por la suya…

Básicamente, uno empieza a escribir porque le gusta estar solo. Uno empieza leyendo a solas, entonces quiere escribir a solas".

En conclusión, la soledad arriba descrita por Fresán, ¿es la utopía de todo escritor que desea dedicarse a la tarea que más ama, o la pesadilla de la literatura peruana actual, en la que ni escritores ni críticos tienen (o prefieren no tener) verdadera voz frente al público masivo para cumplir una de sus funciones principales, la de modelar, analizar y cuestionar los discursos que constituyen el tejido mismo de la realidad ?
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2:26 a. m.

Saludos, Luis Hernán. A propósito del fragmento en el que Fresán habla del lector que escribe como algo típico de los narradores argentinos, se me vino a la mente un comentario de Carlos Fuentes sobre las tradiciones literarias latinoamericanas. Fuentes sostiene que, a diferencia de la mexicana o la peruana, la argentina le resulta la más atractiva pues al no haber tenido, como país, un pasado "milenario", sus escritores debieron crear a partir de un origen que fue creado por ellos mismos. Lo cual les dio, y les sigue dando, mucha más libertad. Este tema da para discutir, ¿no?    



4:33 p. m.

Amigo -permitame el término-, para agregar algo más sobre esta borgiadura. Creo que Fresán no habla de "falta de tradición", en el sentido literario que eso tiene que ver con antecedentes locales o regionales. Y tampoco es lo central la imagen de las bibliotecas. Si encontramos en Borges una tradición, es meramente "occidental". Digo meramente porque Borges es para cualquier europeo tan exótico como el que más. Pero eso sí, téngase en cuenta: en Borges, como en muchos borgistas, sólo se puede hablar de lecturas occidentales -incluso cuando toque libros o temas tan orientales, los toca a partir de sus traducciones occidentales- y no de influencias, de un pasado, de una tradicción. Gracias a Borges podemos los latinoamericanos escribir en el orbe y no en la y desde la urbe. Amigo, me gustó su libro. Luego me permitirá una invitación para el café.    



5:48 p. m.

Saludos, Ezio y Martín:

El tema que planteas, Ezio, es sin duda muy interesante. Me gustaría saber el “link” de lo que dice Carlos Fuentes; si lo tienes, ¿podrías dármelo? Ahora, no me queda muy claro quiénes son esos escritores capaces de crear el origen de la literatura argentina. ¿Se refiere Fuentes a sus contemporáneos, o quizá a Borges? En todo caso, si bien es cierta esta ausencia de un “pasado milenario” tan fuerte como el peruano o el mexicano, no se puede negar que Argentina tiene una historia y también una historia literaria. Borges (re)creó su obra a partir de esas tradiciones, y sobre todo en el centro de ese debate tan argentino entre el campo y la ciudad. Por supuesto, estamos hablando de un campo inventado por la literatura (en el caso de Hernández, por ejemplo) y de una ciudad imaginada también: Sarmiento diseñó una ciudad moderna y ordenada a partir de sus lecturas. Quizá ayude un concepto de Beatriz Sarlo, el de las “orillas”: Borges se insertó precisamente entre estas dos dimensiones opuestas para revelar su paradójica, perturbadora identidad. El cuento “El sur” es un ejemplo de este territorio fronterizo entre lo moderno y lo arcaico.

Destacar únicamente lo occidental en la mirada de Borges, Martín, me parece exagerado, por no decir, quizá, inadecuado. Es cierto que a principios del XX, coincidiendo con la gran modernización de Buenos Aires (y también desde antes, cuando la ciudad era solo un sueño), hubo una gran fascinación por la cultura europea, un afán de imitación “europeísta”, si quieres verlo así. Pero la obra de Borges está “más acá”, o si se prefiere “más allá” de esta dependencia neocolonial. Según Sarlo, se sitúa precisamente en “las orillas” de la modernidad, pero cerca también del otro lado, de la alabanza del campo, de la literatura gauchesca y sus héroes, tenaces opositores de la influencia “perversa” de la modernidad. Esta posición privilegiada permite, según plantea Gustavo Faverón en un interesante ensayo que está en internet, tomar distancia frente a ambos proyectos y evaluar sus fisuras mediante, por ejemplo, la parodia. Ese “barniz occidental” que Borges aplica sobre muchos de sus cuentos es profundamente irónico, burlón, crítico. Ahora, ¿Borges le temía a la modernidad por un afán meramente conservador? No lo creo, aunque es cierto que una parte de su poesía tiene ese espíritu conservador de recuperación del esplendor perdido. Luis Loayza mantiene una relación semejante con una imagen fantasmal de Miraflores, antes de los cambios. Tendría que releer sus cuentos, pero intuyo que la mirada también es sumamente escéptica sin ser conservadora.    



2:50 p. m.

A propósito de Fresán y Vila-matas, http://grupobusetadepapel.blogspot.com

Saludos desde Ecuador.

Miguel Antonio Chávez    



10:58 p. m.

Muy interesante la entrevista a Rodrigo Fresán. No conozco mucho su obra, aunque he leído algunas crónicas. Me ayudó a comprender que cada escritor es un mundo personal, donde la creación literaria es una aventura solitaria y cada uno la desarrolla a su manera. Como menciona, algunos son escritores que leen, otros lectores que son escritores. Sin embargo, existe una pregunta: ¿Los escritores creamos para plasmar nuestras ideas personales o para concientizar al público a través de nuestra obra? Ahí está el dilema.

Saludos desde Trujillo,
Andrea Fernández Callegari.    



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