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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Una carcajada en Comala

A diferencia de García Márquez, parece que Juan Rulfo no emplea el humor como estrategia narrativa. Siendo aun más severos, podríamos decir que el humor - incluso en sus variantes más negras, menos festivas - no podría prosperar en un mundo de espectros como Comala, porque el humor es un aliado fundamental de la esperanza. Incluso el régimen nocturno de la fiesta popular, que aparece incorporado al calendario de las ficciones más lúgubres como un desfogue necesario y transitorio - pienso, por ejemplo, en la celebración del cumpleaños de la Mamá Grande -, es objeto de una implacable represión bajo el dominio de Pedro Páramo: recordemos que tras la muerte de Susana San Juan, es justamente la iniciativa popular de organizar una fiesta la que provoca la ruptura definitiva entre el monarca - que no está para bromas, ni ahora ni nunca, porque su dolor es totalmente intransigente - y los perplejos subordinados. Así, la búsqueda de matices humorísticos en una novela como "Pedro Páramo" parece una tarea condenada al fracaso, pero la conocida sutileza de Juan Rulfo, especialmente para el manejo de los diálogos, es motivo suficiente para hacer el intento.

Uno de los miedos más terribles es sin duda el de ser espiado por una presencia fantasmal que no revela su localización. Esto mismo - descubre todo lector de "Pedro Páramo" con cierta inquietud pero sobre todo con admiración - es lo que viene sucediendo desde que Juan Preciado pronuncia la primera frase de la novela ("Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo"), pero el reconocimiento de esta "compañía" no ocurre hasta varias decenas de páginas después, cuando Dorotea abandona su silencio y se decide a dialogar con Preciado, dejándonos saber que existe (o en todo caso, que "está"). Entonces el lector advierte que nunca estuvo solo. La experiencia de lectura, que es solitaria por excelencia, fue siempre un ejercicio paralelo a la paciencia invisible de la mujer fantasma que escuchaba el relato de Preciado sin animarse a intervenir, a introducir su propio "murmullo" interpolado. Cuando Preciado termina de explicar cómo y cuándo se le "reventaron las cuerdas", se da el siguiente diálogo:

- Me enterraron en la misma sepultura – dice Dorotea – y cupe muy bien en el hueco de tus brazos. Aquí en este rincón donde me tienes ahora. Sólo se me ocurre que debería ser yo la que te tuviera abrazado a ti. ¿Oyes? Allá afuera está lloviendo. ¿No sientes el golpear de la lluvia?
- Siento como si alguien caminara sobre nosotros.
- Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados.


En el artículo "Pedro Páramo como relato fantástico", Adja Balbino se pregunta por el género de la novela y afirma, entre otras cosas, que si admitimos que en la cultura popular mexicana el límite entre la vida y la muerte se encuentra tan atenuado que el mundo de los espectros forma parte de la vida cotidiana, entonces no se puede hablar de una ruptura de la realidad y tampoco del género fantástico en "Pedro Páramo". Los eventos extraordinarios de la novela serían perfectamente enmarcables dentro de la conciencia mágica rural. Sin embargo, Balbino señala un detalle que parece romper la coherencia del género: la muerte de Juan Preciado. ¿Por qué habría de asustarse nadie de la convivencia de vivos y muertos en Comala, si se trata de un fenómeno natural? La respuesta es que Preciado, como outsider recién llegado a una realidad nueva, ha fracasado en el proceso de adaptación y aprendizaje de códigos que realizan todos los migrantes. Su primera reacción es el miedo, luego el terror y por último la muerte del perpetuo desadaptado. La frustrada integración al mundo de la Media Luna lo delata como un típico personaje de relato fantástico, un occidental aterrorizado por los "murmullos" de los muertos, cuya lógica - que es muy similar a la "nuestra", si se me permite generar una tal vez falsa colectividad uniforme - entra en conflicto mortal con las leyes imperantes en la realidad que lo rodea. Finalmente, ¿no hay un rasgo quijotesco en estos personajes provenientes de un mundo - léase, de un género o estado de conciencia particular - que de pronto son arrojados a otro completamente ajeno, donde todo lo que saben apenas les sirve para meterse en problemas? Dorotea se vuelve más significativa y sutilmente despiadada si la entendemos como una representación de Comala, el pueblo que ha violentado al personaje y ahora se burla de su destino. Don Quijote y Sancho reciben innumerables golpizas, Juan Preciado termina en la tumba. La risa de Dorotea ante la tragedia del hijo perdido, aunque cruel y discreta, es inevitable y rica en matices de socarronería: "ya déjate de miedos, nadie te puede dar ya miedo". Ándale, espectro, ¿no ves que es ridícula tu cobardía?
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1:27 p. m.

Supongo que se debe a las diferencias de habla entre peruanos y mexicanos, Luis, que no captas los abundantes guiños humorísticos que hace Juan Rulfo a sus lectores en Pedro Páramo. Se han escrito ensayos al respecto, incluso. El humor constituye un contrapeso al ambiente lóbrego y desasosegante de la novela y está presente desde las primeras páginas, cuando Juan Preciado, al ver Comala, pregunta a Abundio: ¿qué pasó por aquí? El arriero contesta: un correcaminos. Repone Preciado: yo preguntaba por el pueblo, que se ve tan solo.
Acabo de percatarme de que hay un ejemplo líneas antes: pregunta Abundio si también a Preciado lo llevó a bautizar Páramo. Responde Preciado: no me acuerdo. Abundio: ¡váyase mucho al carajo! Preciado: ¿qué dice usted? Abundio: que ya estamos llegando, señor.
Ejemplos de esos se encuentran muchos en la novela. Es humor de expresión, ciertamente, no de situación, pero de cualquier modo humor innegable.
Me sorprenden afirmaciones como la que citas de Adja Balbino:

"... si admitimos que en la cultura popular mexicana el límite entre la vida y la muerte se encuentra tan atenuado que el mundo de los espectros forma parte de la vida cotidiana, entonces no se puede hablar de una ruptura de la realidad y tampoco del género fantástico en "Pedro Páramo".

Creer tal cosa sería tan ingenuo como creerle a Carpentier que no inventaba nada en sus novelas, pues América Latina es una tierra donde los hechos maravillosos son cotidianos. Ya demuestra Vargas Llosa lo contrario en su artículo: "¿Real maravilloso o artimañas literarias?"

Saludo.    



1:55 p. m.

Cómo estás, Javier. Primero, no creo que el ser peruano me impida captar los guiños humorísticos de Pedro Páramo. De hecho, me pasa con Rulfo lo mismo que con Kafka: me hace reír muchísimo, no en cada página pero sí con más frecuencia de la que se podría sospechar.

Sucede que yo planteaba la ausencia del humor entendido como estrategia subversiva. En muchos cuentos de García Márquez, por ejemplo, el humor es un arma empleada desde una perspectiva popular para desenmascarar la convencionalidad de los discursos que sustentan el poder. El humor que funciona como contrapeso al ambiente lóbrego (el que tú señalas y ejemplificas bastante bien)es otra forma de humor: justamente el que provoca las carcajadas.

Ahora es cierto que el primer párrafo del texto parece negar la presencia de "cualquier forma de humor" en Pedro Páramo, pero comprenderás que se trata de una estrategia retórica: los párrafos siguientes pasan a contradecirla, porque sí pues, de hecho hay humor en Pedro Páramo, eso no se puede negar, ¿no crees? Yo doy un ejemplo, tú das otros tres y podemos encontrar muchos más.

Con respecto a lo real maravilloso, no creo que sea un puro artificio de la imaginación. Para empezar, no creo en una "imaginación pura". De acuerdo que la literatura es artificio, pero tiene fuentes culturales que podemos reconocer. No negarás que el manejo de la muerte en Pedro Páramo tiene raíces en la cultura popular. Si lo haces, podemos discutir.

Saludos    



2:24 p. m.

Le hice un pequeño cambio al texto para que quede más claro: en lugar de la versión original "Juan Rulfo no usa el humor...", he dejado "parece que Juan Rulfo no usa el humor". La idea es la misma, finalmente. Como se puede ver, pensar que no hay humor en Pedro Páramo no se sostiene, pero es una impresión generalizada entre muchos lectores no académicos.    



4:20 a. m.

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.    



3:02 p. m.

He borrado, sin darme cuenta, el último comment. No recuerdo el nombre del autor, pero le pido disculpas por este descuido mío.    



11:07 a. m.

Sí: la muerte tal como aparece en Pedro Páramo tiene sus raíces en cierta cultura popular mexicana, pero también la novela tiene reglas propias, muy bien marcadas, que corren a cargo de la inventiva de Rulfo. De ninguna manera esa concepción de la muerte es La Concepción de la Muerte del Mexicano. ¿Me explico?
Saludos de vuelta, Luis.    



11:08 a. m.

Has atinado al cambiar la plantilla de tu blog: es mucho más agradable esta. Solo deploro que la letra se haya vuelto, con el cambio, pequenísima.    



8:07 p. m.

Autora, no autor ;)

No te preocupes, quizá mi comentario no era tan importante, por eso sin querer se borró.

Muchos saludos.    



1:52 a. m.

Saludos a ti, Magda.
Y tienes razón, Javier: el texto no es un producto de la sociedad sino de un autor.    



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