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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Carver y Johnson

Siempre me ha parecido que, en los cuentos de Raymond Carver, el destino de los personajes viaja en sentido contrario a la dirección de la trama. Sus famosos finales abiertos, que parecen tener un antecedente en el maravilloso final de "La dama del perrito" de Chéjov, dejan la sensación de que "la historia continúa" aunque no podamos seguirla. Carver nos dice que "eso", la historia que acabamos de leer, "no fue todo" para el personaje, cuya se existencia se prolonga más allá del punto final:

"Tensó los músculos ante el contacto de sus dedos, y luego cedió un poco. Era más fácil ceder un poco. Marian le pasaba la mano por la cadera, por el vientre, y ahora apretaba su cuerpo contra el suyo y se movía sobre él, gravitando aquí y allá sobre su cuerpo. Se contuvo – se diría más tarde – cuanto pudo. Y al cabo se dio la vuelta. Se daba la vuelta una vez y otra en lo que podía haber sido un reparador y espléndido sueño, y seguía dándose la vuelta, maravillado ante los imposibles cambios que sentía bullir en su interior".

Poco antes de este final del cuento "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?", Ralph acaba de descubrir que su esposa le ha sido infiel. La conciencia de la infidelidad de Marian pasa a convertirse en un callejón sin salida para el personaje, que intenta escapar – sin éxito - de su propia humillación. Ralph sospecha que está condenado a seguir viviendo con su mujer, que la horrible revelación siempre "gravitará sobre su cuerpo" como un recordatorio de su fracaso matrimonial, de su impotencia para enfrentar el mundo. Sin embargo, también siente "bullir imposibles cambios en su interior", lo cual podría sugerir un cambio de vida. Hay una perspectiva abierta, como si el final del cuento fuese también un punto de partida hacia lo desconocido.

Hace poco, leyendo por primera vez a Denis Johnson, recordé los finales de Carver, pero solo para encontrar en las historias de "Hijo de Jesús" una refutación del cuento carveriano. Si los finales de Carver suelen implicar un inicio, una continuación o por lo menos una lenta degradación que confirma la condena del héroe, pero le permiten seguir viviendo, en los cuentos de Johnson el final, lo que conocemos como "el cierre" de la historia, está ubicado "en otra parte". Ha ocurrido antes – quizá mucho antes – del inicio del cuento, que ya trae implícita su invisible conclusión. En sentido estricto, nada sucede en los cuentos de "Hijo de Jesús", porque ya todo ha sucedido antes de que el narrador empiece a contarlos. Lo realmente importante, lo que determinó el fracaso y el dolor actual, es un evento del pasado que no podemos conocer, porque el narrador – siempre en primera persona – no tiene interés en decirnos qué pasó antes de que Wayne, Dundun o Jack Hotel "terminaran así": muertos en vida. El presente de la narración es un tiempo inútil, desprovisto de hechos significativos, que se corta de repente, sin justificación, en el momento menos pensado, como una voz que deja de hablar. Y esto no es un "final", solo un "cese" expresado ocasionalmente en clave nostálgica, a veces lírica:

"Nunca te olvidaré. Tu esposo te golpeará con un cable y el autobús te dejará parada con el rostro bañado en lágrimas, pero fuiste mi madre".

Su "madre" era la chica que le servía las copas en un bar.
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6:58 p. m.

muy bueno.
q salvajada el parrafo final
demasiado    



12:29 a. m.

Bacán, no? Saludos Pierre.    



3:05 p. m.

La madre, siempre es la madre.    



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