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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

DeLillo


Lauren Hartke es la tercera esposa de Rey Robles, un exitoso director de cine con quien comparte una casa de campo en las afueras de Nueva York. Una mañana cualquiera, dos meses después de su matrimonio, Robles sube a su auto para dirigirse al departamento de su primera mujer en Manhattan, donde se quita la vida de un balazo sin dejar explicaciones a nadie. Lauren, la artista que sobrevive para sufrir la ausencia de Robles, tendrá que sobreponerse a la muerte aferrándose a ella, olvidar el pasado mediante un obsesivo y paradójico retorno a los hechos. The body artist, novela corta de Don DeLillo (autor de Underworld y White noise) publicada en el 2001, narra la tortuosa transformación que conduce del dolor de la pérdida a su manifestación artística, entendida como única vía para procesar y superar la atrocidad de la vida.

La novela ocupa apenas 100 páginas y los hechos narrados son escasos. La reflexión es más importante que la acción en un intento por representar la vacuidad del tiempo que se niega a transcurrir después del hecho traumático. El evento central es el descubrimiento de Mr. Tuttle, un extraño personaje que ha estado ocultándose en una de las habitaciones de la casa. Nunca llegamos a conocer su edad. Tampoco sabemos quién es realmente. Suerte de Peter Quinn que impone una presencia obstinada y extravagante, Mr. Tuttle es, en verdad, una grabadora humana que sirve para acceder al misterio del pasado. Desde su escondrijo secreto, ha estado espiando a la pareja desde el primer momento, escuchando y registrando cada una de sus conversaciones, y cuando finalmente aparece en escena, su única actividad es repetir lo que ha escuchado. A través de su voz, Lauren vuelve a escuchar a Rey, que se manifiesta a través de este ventrílocuo subnormal. Mr. Tuttle imita las voces del pasado, recrea momentos perdidos y los representa para Lauren como un actor o como un médium. Al fin desaparece sin dejar rastro, y luego de buscarlo durante días, Lauren decide darlo por perdido.

Esta sencilla historia con tres personajes (uno ausente) y escenario único (nunca salen de la casa de campo) termina al final del capítulo 5. El siguiente capítulo es un texto interpolado, una reseña que describe una performance creada por Lauren. En la formal descripción de la performance el lector reconoce, como un cómplice silencioso y espectador privilegiado, rastros de los hechos de los capítulos previos, ahora transformados en arte. Así, el núcleo de la novela es el contraste entre la experiencia real del dolor, tema desarrollado en los primeros cinco capítulos, y su expresión posterior en manos de la artista sufriente: el rostro de Lauren y su retrato en el espejo. Un asunto adicional es la capacidad del lenguaje crítico, que según el lugar común se queda en la fría exposición de estructuras aparentemente objetivas, para dar cuenta del corazón profundo de toda forma artística, el telón de fondo compuesto por retazos de vida y de dolor.

La performance, a diferencia de la novela, es larga. En poco más de tres horas, Lauren presenta al público el espectáculo de la duración vacía que ella misma ha experimentado. En este tiempo, se dedica a transformar su propio cuerpo, a perder su identidad para asumir la de Mr. Tuttle. Lauren imita a Mr. Tuttle imitando a Rey Robles después de su muerte. Al representar un personaje que ha sido central en su propia experiencia, hace lo que intentan muchos novelistas: expresar vicariamente su mundo interior, volcar en una tercera persona inventada el contenido de su intimidad. El valor estético de su performance está, justamente, en la fidelidad a la verdad de los hechos y en la transmisión de esta experiencia a los espectadores: en hacerles sentir lo que ella sintió. Abandonando una supuesta objetividad crítica, la autora de la reseña se pregunta si la muerte de su esposo impone algún peso sobre la creación artística. Lauren responde así:

“Qué simple sería si pudiera decir que esta pieza se deriva directamente de lo que ocurrió a Rey. Pero no es posible. Sería bueno si pudiera decir que se trata del drama de los hombres y mujeres enfrentados a la muerte. Quiero decirlo pero no soy incapaz. Es demasiado pequeña, demasiado íntima y complicada, y no puedo, no puedo, no puedo”.

La obra de arte se ha independizado del impulso original que la creó. Conserva ciertas semejanzas con la vida, ciertos aires de familia, pero estas coincidencias no son nunca inmediatas, siguen un camino oscuro y zigzagueante que no se puede reconstruir con facilidad. Lauren está lejos de afirmar que la estética pertenece a una esfera autónoma y que allí reside su valor; se limita a sostener que la vida y el arte son inseparables, pero los hilos que los unen corren siempre entre sombras, a pesar de los esfuerzos del artista por esclarecer su recóndita filiación. Por otro lado, el arte sigue siendo emisario de la verdad, pero de una verdad personal, no general. El artista no puede afirmar que ha hablado por los demás. Le gustaría creer que ha sido así, como le agradaría pensar que su creación es un espejo confesional de su vida, pero esto es imposible. Finalmente, toda manifestación artística entraña dos decepciones simultáneas. Pretende decir la verdad, pero la deforma, aspira a la universalidad, pero habita en los límites del yo.

Curiosa forma de fracaso que termina siendo bella de un modo más bien involuntario, secretamente redentor.
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8:54 p. m.

al parecer el libro rescata muy bien la capacidad del arte pero también cierta incapacidad pues algunas cosas parecen - también - permanecer o desaparecer. suena muy interesante.    



5:36 p. m.

Saludos, llegué a tu blog siguiendo enlaces acerca de Paul Auster; muy interesantes posts y los comentarios sobre libros.
Leí Mao II de DeLillo y creo que guarda relación con el libro que señalas, ya que también se da el caso de una situación de angustia (y fracaso) en cuanto a la actividad creadora (en este caso, una novela que no es posible terminarla luego de años de trabajo). Buscaré ahora The Body Artist.
Por cierto, no sé si habrás leído "Hacia el oeste, el avance del imperio continúa" de David Foster Wallace, se me vino a la mente al leer el post sobre la obra de Barth. Que sigan los éxitos.    



4:32 p. m.

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7:33 a. m.

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2:27 p. m.

No he leído el libro pero es una buena reseña. Espero linkearla pronto. Un saludo.
Ciaociao.    



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