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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

DeLillo

jueves, diciembre 29

Lauren Hartke es la tercera esposa de Rey Robles, un exitoso director de cine con quien comparte una casa de campo en las afueras de Nueva York. Una mañana cualquiera, dos meses después de su matrimonio, Robles sube a su auto para dirigirse al departamento de su primera mujer en Manhattan, donde se quita la vida de un balazo sin dejar explicaciones a nadie. Lauren, la artista que sobrevive para sufrir la ausencia de Robles, tendrá que sobreponerse a la muerte aferrándose a ella, olvidar el pasado mediante un obsesivo y paradójico retorno a los hechos. The body artist, novela corta de Don DeLillo (autor de Underworld y White noise) publicada en el 2001, narra la tortuosa transformación que conduce del dolor de la pérdida a su manifestación artística, entendida como única vía para procesar y superar la atrocidad de la vida.

La novela ocupa apenas 100 páginas y los hechos narrados son escasos. La reflexión es más importante que la acción en un intento por representar la vacuidad del tiempo que se niega a transcurrir después del hecho traumático. El evento central es el descubrimiento de Mr. Tuttle, un extraño personaje que ha estado ocultándose en una de las habitaciones de la casa. Nunca llegamos a conocer su edad. Tampoco sabemos quién es realmente. Suerte de Peter Quinn que impone una presencia obstinada y extravagante, Mr. Tuttle es, en verdad, una grabadora humana que sirve para acceder al misterio del pasado. Desde su escondrijo secreto, ha estado espiando a la pareja desde el primer momento, escuchando y registrando cada una de sus conversaciones, y cuando finalmente aparece en escena, su única actividad es repetir lo que ha escuchado. A través de su voz, Lauren vuelve a escuchar a Rey, que se manifiesta a través de este ventrílocuo subnormal. Mr. Tuttle imita las voces del pasado, recrea momentos perdidos y los representa para Lauren como un actor o como un médium. Al fin desaparece sin dejar rastro, y luego de buscarlo durante días, Lauren decide darlo por perdido.

Esta sencilla historia con tres personajes (uno ausente) y escenario único (nunca salen de la casa de campo) termina al final del capítulo 5. El siguiente capítulo es un texto interpolado, una reseña que describe una performance creada por Lauren. En la formal descripción de la performance el lector reconoce, como un cómplice silencioso y espectador privilegiado, rastros de los hechos de los capítulos previos, ahora transformados en arte. Así, el núcleo de la novela es el contraste entre la experiencia real del dolor, tema desarrollado en los primeros cinco capítulos, y su expresión posterior en manos de la artista sufriente: el rostro de Lauren y su retrato en el espejo. Un asunto adicional es la capacidad del lenguaje crítico, que según el lugar común se queda en la fría exposición de estructuras aparentemente objetivas, para dar cuenta del corazón profundo de toda forma artística, el telón de fondo compuesto por retazos de vida y de dolor.

La performance, a diferencia de la novela, es larga. En poco más de tres horas, Lauren presenta al público el espectáculo de la duración vacía que ella misma ha experimentado. En este tiempo, se dedica a transformar su propio cuerpo, a perder su identidad para asumir la de Mr. Tuttle. Lauren imita a Mr. Tuttle imitando a Rey Robles después de su muerte. Al representar un personaje que ha sido central en su propia experiencia, hace lo que intentan muchos novelistas: expresar vicariamente su mundo interior, volcar en una tercera persona inventada el contenido de su intimidad. El valor estético de su performance está, justamente, en la fidelidad a la verdad de los hechos y en la transmisión de esta experiencia a los espectadores: en hacerles sentir lo que ella sintió. Abandonando una supuesta objetividad crítica, la autora de la reseña se pregunta si la muerte de su esposo impone algún peso sobre la creación artística. Lauren responde así:

“Qué simple sería si pudiera decir que esta pieza se deriva directamente de lo que ocurrió a Rey. Pero no es posible. Sería bueno si pudiera decir que se trata del drama de los hombres y mujeres enfrentados a la muerte. Quiero decirlo pero no soy incapaz. Es demasiado pequeña, demasiado íntima y complicada, y no puedo, no puedo, no puedo”.

La obra de arte se ha independizado del impulso original que la creó. Conserva ciertas semejanzas con la vida, ciertos aires de familia, pero estas coincidencias no son nunca inmediatas, siguen un camino oscuro y zigzagueante que no se puede reconstruir con facilidad. Lauren está lejos de afirmar que la estética pertenece a una esfera autónoma y que allí reside su valor; se limita a sostener que la vida y el arte son inseparables, pero los hilos que los unen corren siempre entre sombras, a pesar de los esfuerzos del artista por esclarecer su recóndita filiación. Por otro lado, el arte sigue siendo emisario de la verdad, pero de una verdad personal, no general. El artista no puede afirmar que ha hablado por los demás. Le gustaría creer que ha sido así, como le agradaría pensar que su creación es un espejo confesional de su vida, pero esto es imposible. Finalmente, toda manifestación artística entraña dos decepciones simultáneas. Pretende decir la verdad, pero la deforma, aspira a la universalidad, pero habita en los límites del yo.

Curiosa forma de fracaso que termina siendo bella de un modo más bien involuntario, secretamente redentor.

El inventario de las naves

viernes, diciembre 2
Otro libro espléndido que acaba de ser publicado es El inventario de las naves de Alexis Iparraguirre, libro de cuentos ganador del primer Premio Pucp que les recomiendo ampliamente. El menor mérito del texto es una gran unidad, un juego de relaciones que hace de cada cuento una parte dentro de un engranaje mayor. Digo que es un mérito "menor" teniendo en cuenta sus demás valores, que son muchos y excelentes. No me queda sino saludar la aparición de El inventario de las naves, publicación que viene a confirmar el gran nivel de la narrativa peruana última. Se trata de un secreto a voces que ya empieza a circular por los pasillos de la Expo en Guadalajara.

Dos cuentos extraordinarios: El inventario de las naves (que da título al libro) y Orestes.

Habrá que hacer algo mientras tanto

Acaba de publicarse la primera novela de Ezio Neyra, Habrá que hacer algo mientras tanto. Hoy viernes se presenta en la FIL de Guadalajara, de donde acabo de regresar y donde sé por buena fuente que el libro viene teniendo un gran éxito. Nada más lógico y justificado, considerando que se trata de una estupenda novela que he tenido el placer de leer y que en unos días más presentaré aquí en Lima. Un gran saludo para Ezio y mis mejores deseos para el inicio de su carrera de escritor.