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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Catedral de José Miguel Herbozo

Ayer se presentó también el poemario Catedral de mi querido amigo José Miguel Herbozo (Lima, 1984), publicado bajo el sello Estruendomudo. José Miguel es un cachorro por derecho propio, como Johann Page y Edwin Chávez. No pude estar ahí - las horas se cruzaban -, y él tampoco pudo estar en mi presentación, pero afortunadamente logramos reunirnos horas más tarde en Neverland. No quiero hablar de la calidad del libro, que hace algún tiempo llegó a convertirse en una suerte de mito para los jóvenes autores de Estruendomudo, porque eso ya lo descubrirán ustedes. Pero puedo adelantarles que no saldrán decepcionados.

Como invitación a la lectura, aquí va mi poema favorito, un texto solo para fumadores:

[sombra]

Buscábamos
alguna forma útil de la prisa,

porque siempre la blancura deja un rastro
que se acerca
y nos saluda

sin posibilidad de padecer
algún debilitamiento,

teniendo en cuenta el valor
y la velocidad de las horas,

resumiendo la consunción del mundo
que el tiempo reserva para su propia hornacina

entre pequeños instantes de quietud
y desesperación.

Por ello siempre recurrir al humo.

Toda autodestrucción es una forma de blancura
que del humo nace

y con el humo
se disipa.
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9:07 p. m.

Alguna vez llegó a mis manos unas copias de algún texto en donde leí a José Miguel; creo que de un amigo de letras, y sí, tienes razón, es una poesía que no decepciona, que forma palabras con las volutas fantasmales del humo, mientras en ellas nos vamos yendo los lectores. Un gusto por José Miguel, ya nos sentaremos alguna vez a charlar entre todo ello.    



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