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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Más de García Márquez

En cuanto al carácter alegórico de cierta literatura política o politizada, quizá haya que recordar lo que dijo Borges sobre la diferencia entre platónicos y aristotélicos en su breve ensayo "De las alegorías a las novelas":

"Tratemos de entender, sin embargo, que para los hombres de la Edad Media lo sustantivo no eran los hombres sino la humanidad, no los individuos sino la especie, no las especies sino el género, no los géneros sino Dios. De tales conceptos... ha procedido, a mi entender, la literatura alegórica. Esta es fábula de abstracciones, como la novela lo es de individuos". En Otras inquisiciones.

Entonces, el hecho de que en el cuento El mar del tiempo perdido el personaje del señor Herbert comporte una alegoría del capitalismo, y el que las lecturas críticas que juzgan la calidad del cuento a partir de la claridad de esta alegoría nos parezcan hoy inadecuadas, deben responder a un solo cambio fundamental en nuestra manera de ver la literatura: si en los años 60 y 70 fuimos platónicos, hoy somos aristotélicos y flaubertianos. Vargas Llosa ya realizó por nosotros el trabajo de depuración ideológica.
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11:33 p. m.

Me has recordado algo que comenta Mario en una charla en torno a La Fiesta del Chivo en Monterrey, en el Tecnológico, que fue editada como libro. Le preguntan o él comenta que le preguntaron si su Urania Cabral era una alegoría de la República Dominicana, ultrajada en su intimidad por el Chivo. Puede leerse así y yo no tengo inconveniente, creo que dijo, pero al trabajar con el personaje -y trabajo del mismo modo con todos mis personajes- jamás pensé en una alegoría, ya que lo alegórico es abstracto, y yo quería que Urania fuera muy humana, que al lector pudiera parecerle verosímil, aceptable como personaje. Estoy parafraseando y poniendo palabras de más en la boca del pobre Mario -no tengo el libro, que leí en una biblioteca pública de Guadalajara, para transcribir-, pero la idea principal está consignada. Me pareció admirabilísima la respuesta, sobre todo porque me es muy difícil creerles a los personajes que buscan ser sólo alegorías: léase muchas creaturas de Fuentes; recuerdo ahorita, por mencionar alguno, al Ixca Cienfuegos de La región más transparente. Otros que se me vienen a la mente: los protagonistas de Levantado del suelo de Saramago, donde la intención alegoría y de denuncia da al traste con todo. Saludos.    



1:02 a. m.

Completamente de acuerdo en que los personajes alegóricos nos parecen insuficientes hoy en día. Pero también hay cierta nostalgia: una vez un profesor de literatura francesa medieval me dijo, comentando las novelas de Chretien de Troyes, que toda esa riqueza alegórica religiosa, al dejar de estar presente en la actualidad, crea un vacío, una tendencia a quedarse en las apariencias, y por lo tanto a la superficialidad. Esto se podría vincular con la tendencia que el mismo Vargas Llosa denuncia, que la literatura actual no satisfaga a pesar de todo. Yo prefiero los personajes humanos, que se sustentan solos en primer término; pero si logran engarzarse en una o varias lecturas superiores, mucho mejor; en otras palabras, que nos persuadan y al mismo tiempo digan algo más. Saludos    



2:55 a. m.

Casar alegoría, como la entendía Dante, y humanidad en carne viva es lo que hizo Beckett en Molloy y Malone muere, y varios más de su generación, en una tradición del hombre moderno que empieza, en cuanto a personajes, con el Bartleby de Melville, sin ninguna duda.

Por cierto que alegoría como la usa Borges, en su sentido histórico estricto, es diferente a como la usa Munguía en su explicación de Mario Vargas Llosa. Este y Munguía hablan de alegoría en un sentido más general, en el sentido de representación de algo, cualquier cosa; la alegoría histórica, por su parte, es la representación de valores determinados, no de cualquier "ocurrencia", como por ejemplo las (geniales) representaciones amorales de las novelas del siglo XX.    



10:26 a. m.

Conde Tolstoy hace una buena precisión, pero yo pensaría que la distancia entre uno y otro concepto no es tan amplia: si los valores determinados que representan los personajes alegóricos medievales (por ejemplo) están perfectamente claros y definidos para nosotros, es por la perspectiva temporal; cierto que los contenidos alegóricos "modernos" son más gaseosos y difíciles de definir, pero no distintos en esencia. La diferencia grande, muy grande, está en el tipo de personaje al que nos enfrentamos. En la alegoría medieval escasamente hablamos de personajes, son máscaras o cáscaras. Eso ha cambiado hace mucho tiempo.    



1:07 p. m.

Javier y Conde Tolstoy, he estado pensando y creo que el problema de Urania es distinto por lo siguiente: el hecho de que su postura hacia la República dominicana puede generalizarse, es más una cuestión de estadísticas que de alegorías. Me parece que termina siendo un personaje representativo de una nación, pero no su alegoría.    



4:18 p. m.

Creo que, en su último mensaje, Luis Hernán puede estar intuitivamente cerca de una respuesta para el asunto de Urania y lo alegórico en la novela de Vargas Llosa. Pienso que, quizá, ha sido aventurado y poco sutil partir de la pregunta de si Urania es, de algún modo, una representación alegórica, sin preguntarse antes otras cosas. Por ejemplo, si es posible que, incrustado en un texto no alegórico, exista un personaje único de carácter alegórico.

La alegoría es una figura compleja (en su definición más clásica, es, precisamente, una trama compleja de metáforas interrelacionadas). Visto así el asunto, cabe preguntarse cuál es esa trama compleja de metáforas en el caso de Urania, y cómo es que la clave realista de la novela podría permitir que uno solo de sus protagonistas estuviera diseñado según un principio típicamente no realista, como es el de la alegoría.

Y cabe preguntarse también si es posible encontrar para Urania un valor metafórico que se entreteja con otros elementos de valor metafórico en la novela. Es decir: ¿cuál sería la trama alegórica que permite al pesonaje de Urania asumir una identidad alegórica? Si, como sospecho, estamos todos de acuerdo en que la novela no es básicamente alegórica, parece acertado preguntarse si lo que se ha discutido en términos de alegórico o no alegórico no debería discutirse en términos distintos. Tengo la impresión de que lo que en verdad ha estado en discusión es otra cosa. Para ponerlo en palabras de Lukács, me parece que la discusión sería más productiva si la tradujéramos de este modo: ¿es Urania un "tipo", es decir, un personaje que, sin perder su autonomía y su individualidad, sin dejar de ser un sujeto único, funciona también como representación de un grupo, de un colectivo? Me parece más apropiada esa formulación, entre otras cosas, porque esa posibilidad aparece bastante más próxima a la práctica vargasllosiana (por ejemplo, a la construcción de personajes "tipo" en el trío de protagonistas de La ciudad y los perros).

Dicho eso, y como comentario adicional, destinado sobre todo a propiciar otra discusión, diré (en una sólo aparente contradicción con lo anterior) que no me parece del todo claro que la alegoría sea un modo de representación que el lector contemporáneo sienta ajena o anticuada. Sin duda, varios de los escritores más influyentes del siglo pasado --Borges, Joyce, Kafka, Faulkner, etc-- construyeron buena parte de su literatura a partir de variaciones alegóricas. García Márquez y Carpentier están claramente inscritos en esa vertiente. Más interesante aún es que críticos centrales de la literatura latinoamericana, como Ángel Rama, Doris Sommer y Roberto González Echevarría hayan elaborado teorías de la novela latinoamericana en la que lo alegórico es un elemento crucial. Y no menos llamativa es la famosa y discutible frase de Fredric Jameson, según el cual "toda la literatura del tercer mundo es alegórica en un sentido peculiar: es alegoría de la nación".    



5:19 p. m.

¿DEPURACIÓN VARGASLLOSIANA?

Otra pregunta, para Luis Hernán: ¿a qué te refieres, al final de tu post anterior, con lo del trabajo de "depuración ideológica" que Vargas Llosa ha hecho por los demás?    



7:33 p. m.

Qué tal, Gustavo. Urania como un tipo y no como una alegoría parece ser la respuesta. En cuanto a la supuesta depuración ideológica, es un comentario muy personal (quizá el plural es engañoso), pero que también puede ser representativo de varios lectores, escritores y gente de literatura en general de mi "generación": lo que rescatamos (rescato) de Vargas Llosa es sobre todo su concepción formal de la narrativa, mientras que el lado político (sea el pre o el post Padilla) ha sido descartado, para bien o para mal; me refiero a la "apoliticidad" como bandera literaria asumida por algunos (entendido este término en varios sentidos, como carencia de programas y también como alejamiento del escritor, reclusión en sí mismo y en su creación, rechazo a la "comunidad" de lectores o no-lectores con mayor o menor fanatismo). Personalmente, voto por ella en el ámbito de la creación, pero me parece nefasta en otros sentidos (por ejemplo, el de la función del escritor como figura pública, creadora de conciencia si esto es aún posible en la actualidad), pues puede tender a convertirse en un radicalismo egocéntrico que da una cierta imagen indeseable de la literatura actual en el Perú: los escritores como enemigos que compiten por un público escaso recurriendo a tácticas bajas e inmorales, y olvidándose en realidad de los valores propiamente literarios. Creo que el máximo ejemplo de esto último es el blog de Leonardo Aguirre. No sé si está perfectamente claro lo que quiero decir, quizá haya manipulado algunos conceptos para ajustarlos al razonamiento.    



7:33 p. m.

Qué tal, Gustavo. Urania como un tipo y no como una alegoría parece ser la respuesta. En cuanto a la supuesta depuración ideológica, es un comentario muy personal (quizá el plural es engañoso), pero que también puede ser representativo de varios lectores, escritores y gente de literatura en general de mi "generación": lo que rescatamos (rescato) de Vargas Llosa es sobre todo su concepción formal de la narrativa, mientras que el lado político (sea el pre o el post Padilla) ha sido descartado, para bien o para mal; me refiero a la "apoliticidad" como bandera literaria asumida por algunos (entendido este término en varios sentidos, como carencia de programas y también como alejamiento del escritor, reclusión en sí mismo y en su creación, rechazo a la "comunidad" de lectores o no-lectores con mayor o menor fanatismo). Personalmente, voto por ella en el ámbito de la creación, pero me parece nefasta en otros sentidos (por ejemplo, el de la función del escritor como figura pública, creadora de conciencia si esto es aún posible en la actualidad), pues puede tender a convertirse en un radicalismo egocéntrico que da una cierta imagen indeseable de la literatura actual en el Perú: los escritores como enemigos que compiten por un público escaso recurriendo a tácticas bajas e inmorales, y olvidándose en realidad de los valores propiamente literarios. Creo que el máximo ejemplo de esto último es el blog de Leonardo Aguirre. No sé si está perfectamente claro lo que quiero decir, quizá haya manipulado algunos conceptos para ajustarlos al razonamiento.    



7:35 p. m.

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7:40 p. m.

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