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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

El mar del crítico perdido

En su tesis doctoral García Márquez: Historia de un deicidio (1961), Mario Vargas Llosa emite un juicio de valor acerca de un viejo cuento llamado El mar del tiempo perdido que se escribió en el 61 pero fue publicado años más tarde en el conjunto de La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada. El cuento le parece imperfecto, especialmente por el penúltimo episodio: el descenso a las profundidades marinas que realiza Tobías guiado por el señor Herbert. Aquí sus razones:

"En una representación simbólica, los símbolos deben ser descifrables; si lo real imaginario aspira a reflejar lo real objetivo, la conexión debe resultar inteligible. Aquí no ocurre así; sólo un vasto contexto (las ficciones anteriores y posteriores, la biografía del autor) nos aclara el sentido último de la historia. Tomada en forma autónoma, es una especulación imaginaria de coherencia interna débil, de construcción algo artificiosa e incoherente".

Mi objetivo central no es contraargumentar a favor del cuento para decir que es mejor de lo que Vargas Llosa pensaba, pero me parece que los supuestos críticos que aparecen en su lectura son muy elocuentes respecto de cierta manera de aproximarse a los textos. Cuando se refiere al "vasto contexto" en que se inscribe el cuento, hay que pensar en el plan general de la Historia, que intenta destacar los rastros de autointertextualidad (es decir, entre los textos del corpus de un autor) para explicar los mecanismos de la creación novelística en general. La teoría pretende ser aplicable a todos los narradores del mundo, y muchos de sus resultados son bastante valiosos. Vargas Llosa concluye que Cien años de soledad es la suma narrativa de García Márquez, el horizonte final donde confluyen motivos, historias, personajes y recuerdos personales que se han venido incubando desde La hojarasca y que solo en el 67 hallan una auténtica eclosión, cosa que implica necesariamente, por cierto, la alianza entre lo estético y lo político, incluso su confusión. Si el penúltimo episodio de El mar del tiempo perdido parece imperfecto, es por su escaso valor alegórico (en el fragmento citado, "simbólico"), por la imposibilidad de hallarle a la expedición submarina un "sentido último" dotado de una coherencia interna que debe entenderse, claro está, como coherencia ideológica.

Hasta la mencionada expedición, todo el cuento ha sido una fábula política fácilmente descifrable, con la que el García Márquez más radical estaría encantado: el olor de las rosas, la llegada del señor Herbert, su curioso método de distribución de la riqueza, el engaño a que somete a los demás personajes y su posterior sueño de león victorioso, forman parte de esta fábula, cuyo centro es la tensión entre un pueblo pobre de la Guajira colombiana y la llegada del capitalismo hostil encarnado en el señor Herbert. Para que la interpretación fuera perfecta, el cuento debió terminar en este punto. Pero el cuento continúa vivo, y esas dos páginas adicionales le cuestan muy caro al enfoque político porque la narrativa se independiza del subtexto ideológico y empieza a nadar con brazos propios, desbaratando así las intenciones del crítico. Personalmente, pienso que la expedición submarina es un ejemplo muy bello del realismo maravilloso, y que la pérdida de su valor alegórico puede ser tomada como una transformación, una metamorfosis impredecible de la historia (y algunos dirían que resulta extraordinaria), antes que como una ruptura o una aniquilación del "sentido último", que carece de existencia autónoma y está subordinado a los avatares del mundo ficcional. Lo que definitivamente sufre una ruptura es el modelo crítico, que desea llegar demasiado lejos y naufraga en el intento.

* Hay una nota sobre La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada en Basta de carátulas.

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12:42 p. m.

No me convence el argumento de que el cuento trasciende los objetivos ideológicos de su autor en el último episodio. Habría que buscarle significación a dicho episodio, la que está obligado a tener, sea o no un precioso ejemplo de realismo mágico. Hace mucho no releo "El mar del tiempo perdido", de cualquier forma. Me has animado a hacerlo.



www.comunalia.com/Diablo    



3:30 p. m.

Saludos. Estoy parcialmente de acuerdo contigo. Hay que recordar que la Historia fue escrita y publicada muy poco antes del caso Padilla. En este ejemplo del trabajo crítico de Vargas Llosa, se deja ver una contradicción clave: la que existía entre su postura sarteana de escritor comprometido (que hacía de la escritura una elección racional, subordinada a promover el cambio socialista), y su teoría de los demonios sobre las fuentes irracionales de la creación, su inspiración personal y autónoma. El Vargas Llosa crítico de Historia de un deicidio es demasiado sartreano en ese sentido, y no contempla la posibilidad de que su modelo de interpretación pueda chocar con la realidad de la ficción, que – creo yo – no se somete necesariamente a los requisitos de la política: producir textos que denuncien las miseras e injusticias del capitalismo para preparar, de este modo, una revolución socialista. El episodio en cuestión no denuncia las miserias del capitalismo, es simplemente una excursión fantástica (o al menos eso considera Vargas Llosa, quizá nosotros podamos hallarle otro sentido ahora); ¿de esto se deriva que es un mal episodio, o que destruye la unidad del cuento? Lo que se destruye es, por el contrario, la capacidad del lenguaje crítico para dar cuenta de esta historia. Hace mucho tiempo que ese lenguaje ha sido desterrado, pero seguimos leyendo el cuento y con suerte podremos redescubrirlo.    



11:16 p. m.

Muy atenta respuesta la tuya; se te agradece. Debo diferir, sin embargo, en un punto. Es cierto que Vargas Llosa estaba quizá demasiado imbuido en la idea del escritor comprometido en aquel entonces -todavía lo está en cierta medida: celebra el compromiso de Javier Cercas en Soldados de Salamina, por ejemplo-, pero nunca afirmó, que yo sepa, que la literatura debía ser propagandista, sino que, por el contrario, defenestró esa visión reduccionista -la cual dejaría fuera a Borges, por ejemplo, a quien Mario siempre respetó, aunque en 1967 no supiera aún justificar su admiración, según le confesó a Gabo en el diálogo que tuvieron en la Universidad Nacional de Ingeniería, en Lima. Con el compromiso se refería más bien a darle la debida importancia a la palabra escrita, que podía, pensaba él, en determinado momento cambiar el mundo, contribuir para que fuera mejor, menos injusto. De ahí a la propaganda hay un paso muy importante. No veo la contradicción que señalas: en cuanto a las fuentes irracionales de la escritura, Vargas Llosa se refiere sólo al ámbito de los temas, no a la ejecución, que a fin de cuentas viene a ser lo importante, al no haber temas malos o buenos, sino temas mal o bien tratados. La interpretación de Vargas Llosa, tienes razón, es sólo una interpretación, muy apropiada con la efervescencia política de aquel entonces. Incluso "El mar de tiempo perdido" fue pensando originalmente, que yo recuerde, como cuento infantil. Es una cosa grande ésa de la literatura de Gabo: sus relatos tienen lecturas "ideológicas", pero no se reducen a eso: se pueden leer por el puro y mundano placer de dejarnos seducir por la prosa garciamarquiana. Prometo releer tanto el cuento como el fragmento de Historia de un deicidio donde Mario se refiere a él y comentar algo más. Me da gusto poder discutir estos asuntos que me son tan caros con personas inteligentes e interesadas. Gracias.    



12:55 a. m.

Gracias también por el comentario, el gusto es mutuo. De acuerdo en que la prosa de García Márquez se puede disfrutar sin impurezas políticas. Sin embargo, no estoy muy seguro de que el autor previera esa lectura “por el placer de la lectura”, desprovista de matices ideológicos; no digo que para un gran escritor como él el lenguaje estuviera por debajo de la política, sino que resultan inseparables. Ahora, es cierto que Vargas Llosa nunca aprobó, sino que condenó la literatura propagandística (de ahí su rechazo al realismo socialista, rechazo que fue tolerado por los intelectuales de izquierda justo hasta el caso Padilla, cuando empezaron a repudiarlo por mandato). Para él, lo literario siempre estuvo por encima de lo ideológico, y de ahí su respeto por César Moro y sobre todo por esa visión suya del acto creativo como una disposición con fuentes irracionales. Me parece muy bueno el intento de solucionar la contradicción, que creo existe: restringir la validez de los demonios al ámbito de los temas (por ejemplo, la figura del padre), y trasladar la intencionalidad política al nivel de la ejecución, al trabajo formal-artístico, donde aparecería por primera vez la huella socialista. La contradicción está presente, creo yo, en la siguiente tesis que Vargas Llosa llegó a sustentar: que toda literatura genuina, aun cuando sus fuentes sean irracionales y por lo tanto incontrolables, impredecibles, contaminadas de emociones y oscuros traumas, es necesariamente revolucionaria, y conduce al socialismo; esto se debe, según él, a que estas fuentes irracionales de descontento y rebeldía contra la realidad tienen en realidad un motivo sociopolítico concreto, que es el de presentarse en individuos que viven y sufren bajo sistemas capitalistas injustos y corruptos. Así, para este primer Vargas Llosa, era un verdadero problema el caso de los textos de Borges, un autor al que dice (en ese mismo diálogo con García Márquez) haber tratado de buscarle un corazón revolucionario sin lograrlo nunca (aunque actualmente haya intentos válidos de hacer eso, desde los estudios culturales), porque ese corazón revolucionario sería necesario en todo escritor genuino. Las dos visiones que no se llegan a unificar son, por una parte, la autonomía de la creación, siempre impredecible, y por otra los requisitos de un programa político revolucionario: no la propaganda fácil, sino la denuncia de lo que está mal. Sucede que estas exigencias no siempre coinciden y se crea una tensión. Es cierto que Vargas Llosa siempre se inclinó hacia el lado de la libertad, y esto explicaría su posterior evolución intelectual. Pero soy consciente de que se puede seguir discutiendo, y de que para demostrar una u otra tesis habría que dar otros argumentos. Efraín Kristal lo intenta en su libro Temptation of the word, publicado hace unos años, pero tampoco deja perfectamente claras las cosas.    



3:09 a. m.

Lo que está mal es la falta de conceptos claros en la tesis doctoral de Vargas Llosa, y esto lleva a una interpretación malintencionada de las palabras del peruano sobre "el sentido último" del cuento de García Márquez. Cuando habla de sentido está hablando del tema que desarrolla el cuento, y si de pronto éste vira sus escenas a un tema fantástico, distinto del que ha estado desenvolviendo en escenas previas, pues deja ese aire de insatisfacción, de inacabado (ininteligible, que es lo mismo)que ve MVLl. Las "exigencias políticas" no tienen nada que ver en ese párrafo, y la cita sobre Borges tampoco lo explica, sino que lo distorsiona. Se han mezclado dos asuntos distintos.    



10:21 a. m.

No es exacto. Cuando Vargas Llosa denuncia la falta de "coherencia interna" de la historia, se refiere a la interpretación. Y esto es claro cuando dice que solo "una vasta ficción" y sobre todo Cien Años de Soledad pueden servir para clarar el "sentido último": entonces, este sentido no puede referirse al "tema del cuento", porque, como vemos, sale del cuento y tiende vínculos con otros textos del colombiano. En Historia de un deicidio, todos estos textos (el corpus entero) están ordenados según una lógica progresiva que es casi marxista ortodoxa: el estadío final es cierto tipo de "literatura socialista" encarnada en Cien años, y ¿por qué es el estadío más perfecto? Dos razones: porque lo imaginario se ha emancipado de lo real, y porque el contenido "socialista" ha llegado a su apogeo (parecen metas contradictorias, pero no lo son para VLL). Este contenido apenas está delineado en el cuento: por eso se considera que es imperfecto. He ahí la confusión entre estética y política.    



11:26 p. m.

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.    



3:23 p. m.

Luis Hernán,
he escrito una nota sobre Historia de un deicidio en mi blog. El enlace es: http://www.comunalia.com/Diablo/24944/
Saludos.    



4:50 p. m.

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.    



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