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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Juan Bonilla en Lima

Hace algunos años publiqué un libro de cuentos titulado El que apaga la luz. Hoy me encuentro en Lima, cumpliendo mi antiguo sueño adolescente de pisar tierra peruana, y alguna trampa inadvertida de la memoria me trae la mente los párrafos de un cuento mío que formó parte del libro señalado: se llama Borges, el cleptómano. La noche de mi arribo a la ciudad, poco antes de llegar al hotel, un joven y nervioso periodista ha detenido mi taxi en mitad de la vía para preguntarme qué pienso de la literatura peruana, cuáles son mis autores favoritos, y como en primera instancia me he quedado sin palabras, decido improvisar una suerte de variación que tal vez clarifique mi punto de vista.

A mi entender la literatura peruana, le digo al joven periodista, puede explicarse a partir de la cleptomanía o del adanismo. Para que nos entendamos, se ha de definir la llamativa acusación de cleptomanía como el vicio de citar, o de apropiarse de, frases leídas en otros autores, es decir, como si tales frases fueran ocurrencias del que, usurpándolas, las utiliza como propias para el bien de la literatura. Borges, por ejemplo, era un famoso cleptómano que jamás reconoció la importante contribución de aquella pléyade de autores de "segunda línea" que sacrificaron su identidad y sus palabras para engrandecer el edificio de la literatura borgiana. Probablemente ya nadie lea las obras de estos héroes anónimos, pero al menos cuentan con el pálido consuelo de sobrevivir en un verso, una frase o una imagen birlada por el vicio incontrolable del gran maestro argentino.

A partir de estas reflexiones sobre Borges, me he permitido elaborar una clasificación caprichosa y sin duda discutible del panorama literario peruano. Existen cuatro posturas que permiten ordenar el incesante flujo de la creación bajo ciertas categorías: la primera es el adanismo radical; la segunda, la autocleptomanía; la tercera, la cleptomanía irónica; y la cuarta, la cleptomanía disfrazada de adanismo. Vamos a estudiarlas una por una para que no caer en vaguedades.

1. Los grandes
El adanismo radical está representado por la palabra original, absolutamente inédita y renovadora, de aquellos autores que han logrado instaurar un sistema literario personal gracias a sus obras, las cuales nos presentan una visión inédita de la realidad. Qué puedo decir sobre estos autores, además de recomendarles que compren todos sus libros de inmediato y que empiecen a leerlos hasta perder la vista, la razón, el conocimiento.

2. Los suicidas
La autocleptomanía es el método de escritura mediante el cual un autor se toma a sí mismo como modelo, copia sus propios textos sin cesar, se abastece de su propia obra pasada. Esta forma de escritura es exitosa cuando el modelo tiene una altísima calidad literaria; de lo contrario, se convierte en una repetición de fracasos. Algunos autocleptómanos han sostenido ser víctimas de una anmenisa insospechada, pero lo más seguro es que tales declaraciones sean sólo "frases literarias".

3. Los astutos
La cleptomanía irónica exige dos requisitos: una vasta biblioteca mental y una inteligencia despierta. El cleptómano que además es un ironista escribirá sus libros a partir de la literatura de los demás, pero dándole a entender al lector que su obra es un collage deliberado cuyo valor y originalidad residen en la mano demiúrgica del que selecciona los préstamos. Me parece que Borges padece esta forma de cleptomanía. Su nombre no es una incongruencia en este panorama, pues considero – no sé si estarán de acuerdo conmigo – que Borges termina siendo el más peruano de los escritores argentinos.

4. Los enmascarados
En cuarto y último lugar está la cleptomanía disfrazada de adanismo, también llamada cleptomanía fallida o imperfecta. En esta categoría se encuentran todos aquellos proyectos narrativos que, en su pretensión de renovar la literatura peruana, cayeron inopinadamente en la cleptomanía, pero sin darse cuenta de ello o sin querer reconocerlo ante los demás. El rasgo más destacable de este grupo de escritores es que todos padecen una profunda crisis de identidad condimentada por una ingente dosis de amor propio.


En alguno de estos cuatro equipos pueden ubicarse todos los escritores peruanos que he podido conocer hasta ahora. Por supuesto, no me corresponde a mí dar los nombres o decidir quién se ubica bajo qué categoría. Esa labor le toca a usted, amigo periodista, y también a los críticos literarios que se interesen por cuestiones tan bizantinas.
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