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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Un perro más












Mi última oportunidad era sacrificar la reina sin compasión, adelantarme a su próxima jugada con una salida magistral. Por supuesto, el riesgo de ganarme su enemistad eterna era grande, pero aun así me lancé. Antes de que el ligero temblor de sus labios cerrados anunciara mi perdición, le pregunté si había visto Reservoir dogs, la película de Tarantino. Por suerte, respondió que sí, pero hacía varios años de aquello y no recordaba muy bien la trama. No quiero que recuerdes la trama, le dije, piensa solo en la primera escena, cierra los ojos y concéntrate en ella. Verás a los mafiosos reunidos a la mesa de una cafetería, leyendo el periódico y bebiendo café mientras planifican el gran robo de unos diamantes que terminará con la muerte de todos los involucrados. Sus nombres son Mr. White (Harvey Keitel), Mr. Blue (Eddie Bunker), Mr. Pink (Steve Buscemi) y otros por el estilo, nombre falsos que deberán asumir durante la operación. El mismo Tarantino es uno de ellos y se llama Mr. Brown. La película empieza precisamente cuando Mr. Brown toma la palabra para dar una interpretación algo extraña de Like a virgin de Madonna, no sé si recuerda esa canción. Dice que quien la canta es una mujer voraz, si me dejo entender, una mujer que suele acostarse con varios hombres cada día y nunca llega a sentirse satisfecha. Pues bien, Mr. Brown sostiene que este personaje le dedica Like a virgin a uno de sus amantes, un amante superdotado a quien acaba de conocer; la diferencia entre este hombre y los demás es que cuando hacen el amor, ella siente que un gran taladro la destruye por dentro y le arranca unas lágrimas que, paradójicamente, la hacen feliz. ¿Cómo puede ser?, preguntan los otros sorprendidos, y entonces Mr. Brown, cuya voz adquiere ahora la solemnidad propia de quien está a punto de revelar una verdad profunda, pero sin dejar de ser ligera y popular, afirma que la moraleja está en el dolor. El dolor le recuerda a esta mujer insaciable su primera vez. Termina el desayuno, la historia sigue su rumbo y luego nos enteramos de que Mr. Brown ha muerto en un tiroteo. El guiño de Tarantino es evidente. Su participación en la ficción ha terminado. Tras esa breve intervención en la que ha demostrado a todos (incluidos nosotros, los espectadores), que él es el jefe, que Mr. Brown es el dueño del significado de la película, no es necesario que volvamos a verlo, pues ya entendemos que su labor es permanecer en la sombra. Lo escucharemos hablar a través de su guión, en la voz de los personajes que ha creado para nosotros. Yo me pregunto, profesor, si usted no hizo lo mismo en la novela que escribió, perdón, en el estudio que publicó hace algún tiempo: dejar hablar a sus personajes sin tomar usted mismo la palabra, bajo el entendido implícito de que todas aquellas voces eran ecos de la suya. Fue un truco, el mismo que - ahora me doy cuenta - nos rodea ahora mismo, mientras conversamos. Usted ha elegido desaparecer, alejarse de todos y perderse en su propia casa, pero solo para que alguien pueda descubrirlo, salvarlo. Este lugar está lleno de voces ajenas y todas le pertenecen, ¿no es así? Les habla y ellas le responden lo que quiere escuchar. Es como si usted hubiera muerto y su existencia, su existencia y la mía, fueran menos reales que el silencio de estas habitaciones desiertas, ¿no le parece? Dígame que estoy en lo cierto. Dígame, por favor, que Tarantino es su director favorito y le prometo que dejaré de molestarlo.
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