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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Selección peruana 1990-2005

Ponencia de presentación (27.7.05)

Para hablar de esta Selección Peruana, y de Estruendomudo, la joven editorial que publica el libro que presentamos esta noche, hay que mencionar a Álvaro Lasso, su director. Es un personaje singular que siempre despertó mi curiosidad. Lo conozco hace tres años, estuve presente cuando le expuso a la nueva camada de jóvenes escritores el proyecto de crear una editorial a partir de un verso de Vallejo, y publiqué una novela gracias a él hace justamente un año, por estas fechas. En aquella época, Lasso era un poeta de veinte años que no tenía ninguna relación con el mundo editorial. No había publicado ningún libro y no tenía la menor idea de cómo lograr que una idea, una historia o un poema encontraran la forma impresa. Sin duda, las cosas han cambiado. Ahora lo veo transformado en todo un editor que, además, hoy está de cumpleaños. Estruendomudo festeja su primer año, y me da gusto comprobar que las antiguas aspiraciones poéticas de su director no han cambiado. Lasso es, todavía, un poeta. Demuestra esa capacidad cada vez que habla de sí mismo como editor. En cierta forma, su vieja identidad lo traiciona, reaparece de formas inesperadas. Por ejemplo, en su gusto por crear metáforas para explicar el trabajo editorial. Una vez me dijo que el editor es como el mar. A veces parece calmo, inmóvil, contenido. Es precisamente entonces cuando surgen las ideas, como esta Selección Peruana: en el periodo de reflexión previo a la tormenta. Pero luego, los vientos se desatan, empieza la lluvia y no hay nadie que detenga el huracán. Salvo, quizá, Mariana y Fátima, dos personas sin cuya colaboración esta sería una empresa imposible. A Lasso le crecen brazos, piernas, tentáculos, su mente desarrolla extraños poderes, como, por ejemplo, la capacidad de convocar a tantos escritores repartidos en tantas ciudades del mundo, de congregar, corregir, editar, diagramar e imprimir todos estos cuentos en pocos días, en pocas horas. Recuerdo que el año pasado, cuando publiqué mi novela, yo no tuve el libro, el objeto real entre mis manos hasta algunos minutos antes de la presentación. Otro rasgo del editor, esperar hasta el último segundo, trabajar contra el tiempo, con el apremio de las fechas y los gritos de todo el mundo. "El mar es poderoso", dice Lasso, "recuérdalo siempre". Estas frases me dan miedo, así como una de las máximas que nuestro editor escribió alguna vez en un divertido diario que ha empezado a redactar: "Libro sin erratas, no es libro". Escalofriante. O esta otra máxima: "He publicado a Castañeda, Gallardo, Page, Galarza, Sumalavia. Todo lo que debe hacer un editor, maldita sea, para encontrar a un Joyce alguna vez en la vida".
Esta noche, Estruendomudo celebra su primer aniversario. Haciendo un gran esfuerzo, ha logrado juntar a once escritores en una Selección Peruana que seguramente dará que hablar. Sobre todo por la curiosa metáfora futbolística bajo la cual se reúnen los textos. Se trata, sin duda alguna, de un espléndido ejercicio de ironía. Es cierto que la literatura y el fútbol tienen algunos paralelos: en ambos hay "técnica", "arte", "belleza", incluso "genios". Pero la semejanza desaparece si queremos comparar a la última promoción de escritores con un equipo de fútbol. Nada más absurdo que creer que un grupo de escritores pueda sentirse identificado por una camiseta. Que juntos integren una escuadra compacta, cuyo único objetivo es marcar un gol, vender un libro, obtener una reseña elogiosa, un adelanto más jugoso o una foto más grande. El oficio más solitario del mundo no admite compañeros de cancha, cada quien juega su propio campeonato: un solo jugador sobre el gramado y las tribunas vacías, completamente silenciosas. Además, ¿contra quién jugamos? ¿Contra la selección de Bolivia, de España o de Estados Unidos? ¿Contra Joyce? ¿Y si nacionalizamos a Cervantes, seremos mejores? ¿Si organizamos un campeonato de masters con Vargas Llosa, Bryce, Ribeyro y Arguedas, ganaremos por goleada? ¿Si alteramos las fotos de los escritores con Photoshop, por lo menos seremos más guapos? No quiero entrar al tema de la foto, porque entonces empezaría a quejarme. Finalmente, ¿quién es el director técnico? Nosotros somos escritores, buenos o malos, eso lo decidirán ustedes, pero creo que como futbolistas no llegaríamos muy lejos. Estaríamos más interesados en el juego bonito, en la palabra justa, que en ganar el partido. Querríamos hacer palomitas, chalacas, sombreros, centros perfectos, huachas y demás artificios todo el tiempo. Jugaríamos solos, cada quien para sí mismo, y jamás daríamos pase. Diríamos cosas como "me encanta la prosa de Ronaldo", o "creo que Adriano es el mejor delantero del mundo", y seríamos abucheados por las tribunas, por antipatriotas. Iríamos a pedir la firma de Maradona al terminar el partido, o mejor dicho, su autógrafo. Confundiríamos el blanco y negro de la pelota con el negro y blanco de la tinta sobre el papel. Algunos, incluso, se animarían a marcar un autogol, solo por la belleza de una bola curva, imparable para Mario Bellatin, nuestro portero. Un perfecto desastre. Yo me incluyo en esa lista. Definitivamente, así no se juega al fútbol. Pero tal vez sí se pueda escribir un libro.
Las antologías suelen ser delicadas. Entre incluir a todo el mundo y no incluir a nadie, hay un inmenso terreno abierto a la polémica. Por qué él y no yo, por qué ellos y no nosotros, quién se quedó fuera, quién quisiera estar, quién tendrá que esperar hasta el próximo mundial para escuchar su nombre coreado por las tribunas. La frase del afiche publicitario es explícita y reza: "podemos cambiarlos". Antes que una afirmación, parece una pregunta, y la respuesta es un "sí" rotundo. En esta selección nadie es irreemplazable, hay que ganarse el puesto con el sudor de la camiseta y nada está dicho antes de que suene el pitazo final. Los que han sido llamados deberán confirmar la utilidad de su presencia. Uso la palabra "utilidad" y siento que es inadecuada, ¿de qué utilidad estamos hablando?, como si la literatura tuviera alguna finalidad práctica. Hay una sola selección peruana, pero once jugadores es un número risible si pensamos en aquello que más importa en el fútbol: la hinchada. Sin hinchas, el juego se convierte en un pasatiempo ridículo, un conjunto de hombres semidesnudos pateando una pelota y gritando sin saber muy bien por qué lo hacen. Lo mismo pasa en la literatura. Si el único en participar fuera el autor, no sería divertido jugar a escribir. Sin lectores, no se publicarían libros como este, y la literatura quedaría almacenada en algún disco duro polvoriento, esperando que alguien se anime a rescatarla. Y la única forma de lograrlo es que existan editoriales y editores, que son los encargados de juntar los dos extremos. Por esa razón, creo que es justo celebrar cuando una casa editorial como Estruendomudo, creada y sustentada por jóvenes, logra mantenerse con vida durante un año completo. Puede parecer poco tiempo, pero no lo es si recordamos que en nuestro medio cualquier esfuerzo cultural es una empresa destinada a las más duras pruebas. "Apoyemos a la selección" es una frase trillada, pero viene al caso. Contar una historia es un juego de todos contra todos, de todos contra nadie y del escritor contra sí mismo. Prometemos fallar todos los goles y perder con estilo. Pero nunca abandonar la camiseta.

La Selección Peruana está conformada por: Mario Bellatin, Alexis Iparraguirre, Sergio Galarza, Jorge Eduardo Benavides, Luis Hernán Castañeda, Enrique Planas, Fernando Iwasaki, Iván Thays, Santiago Roncagliolo, Daniel Alarcón y Ricardo Sumalavia.

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