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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

Gerhard Richter y el estilo

















(Meadowland)

Simplemente copié las fotografías sobre el lienzo y busqué que se parecieran cuanto fuera posible al modelo original. Evité las marcas del pincel y pinté con toda la precisión de que fui capaz. Factores como la sobreexposición y la falta de foco hallaron su lugar fuera de mi voluntad, pero tuvieron un efecto decisivo sobre la atmósfera de las imágenes. Incluso cuando pintaba una copia llana y directa, algo nuevo se deslizaba, aunque yo no lo quisiera ahí: algo que ni siquiera logro comprender (Gerhard Richter. Notas, 1964).

Gerhard Richter se jacta de ser un artista sin imaginación. Tanto en sus entrevistas como en sus diarios, suele mantenerse fuera del ámbito de las definiciones y encuentra cierto placer en elaborar un discurso laudatorio de su propio silencio. En el plano ideológico, dice no perseguir objetivos, ni desarrollar sistemas ni afiliarse a tendencias; su arte carece de programa, estilo o dirección. No tiene tiempo para las preocupaciones de los especialistas, para dedicarse a trabajar motivos recurrentes, para teorizar su propia estética ni para alcanzar la maestría. En otras palabras, no sabe lo que quiere. Es inconsistente, pasivo; disfruta lo indefinido, lo carente de límites, la incertidumbre continua. "Quizá otras cualidades personales conduzcan al éxito, a la publicidad de la propia obra, al logro artístico; pero todas ellas están desgastadas, pasadas de moda, como las ideologías, las opiniones, los conceptos, los nombres de las cosas y todo lo que tenga alguna relación con el lenguaje".
Cuando le preguntan si la reproducción casi perfecta de fotografías empleando el medio pictórico esconde algún significado conceptual, responde que su única intención es ahorrar tiempo. Hoy en día, uno debe racionalizar sus energías: su paciencia es corta y no tiene ninguna intención de pasar un mes entero frente a un solo lienzo, cuando puede despachar dos al día siguiendo el sistema actual. En segundo lugar - y aquí su sentido del humor se torna menos ácido -, busca evitar cierto grado de estilización, que es inevitable cuando se pinta a partir de la naturaleza. Su único objetivo - que parece un despropósito - es evitar la participación del artista en la obra, marcar una distancia absoluta entre lo creado y el creador. Si colocásemos a su lado a un segundo pintor trabajando sobre el modelo de una misma fotografía, los resultados que ambos produjeran tendrían que ser teóricamente idénticos. Sin embargo, sería imposible que lo fueran. En aquellas diferencias, seguramente mínimas, quedaría plasmada la reunión de dos grupos de oposiciones radicales cuya naturaleza - mezcla indefinible de factores infinitos - permanece desconocida.
Pero Richter no tiene tiempo para estas especulaciones. Pertenecen al ámbito de la vanidad y por lo tanto carecen de interés. Lo único digno de atención es la fotografía en sí misma, pero solo cuando el fotógrafo ha desistido de imprimir en ella una mirada particular. "Es la mejor imagen que puedo concebir. Es perfecta; no cambia; es absoluta y autónoma. No tiene estilo. Prefiero las fotografías de los aficionados a las "cosas" que elaboran los que se creen artistas".

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11:04 a. m.

¿se murió el artista y también el blogista? hace rato que estamos esperando...    



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