<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/plusone.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar.g?targetBlogID\x3d10113008\x26blogName\x3dEl+diario+de+Antoine+Doinel\x26publishMode\x3dPUBLISH_MODE_BLOGSPOT\x26navbarType\x3dBLUE\x26layoutType\x3dCLASSIC\x26searchRoot\x3dhttp://luishernancastaneda.blogspot.com/search\x26blogLocale\x3des_ES\x26v\x3d2\x26homepageUrl\x3dhttp://luishernancastaneda.blogspot.com/\x26vt\x3d5526237926896174234', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

La obra flotante de John Barth



Llegué a saber que John Barth existía gracias a los comentarios poco generosos que le dedica John Gardner (otro escritor norteamericano, pero diez veces menos talentoso) en El arte de escribir novelas. Este libro de Gardner es un fino compendio de dogmas, prejuicios y normas anacrónicas para jóvenes escritores que desean aprender a escribir novelas, como su título lo indica, ya que no podría ser de otro modo: es seguro que quien decida seguir paso a paso los consejos de este peculiar maestro, no hará más que eso, "escribir novelas". Gardner utilizaba la obra de Barth como un contraejemplo, como una penosa muestra de aquello que "jamás debe hacerse": interrumpir el sueño de la ficción con molestos comentarios introducidos por el narrador en el curso de la ficción, digamos que comentarios "metaliterarios", para utilizar un adjetivo bastante cotizado aunque poco preciso. Es el sueño del programa narrativo de grandes escritores como Vargas Llosa, que buscan - y logran - crear con la forma y el tiempo narrativos un andamiaje invisible para el lector común, aunque exquisitamente presente para el crítico perspicaz. El arte de enmascarar la voluntad, los designios y méritos formales del narrador tras la inmediatez de un mundo ficcional que parece haberse creado solo, sin intervención de una inteligencia externa, plantea al escritor un camino muy difícil de seguir que es, por cierto, enteramente legítimo, y que solo se torna criticable cuando sus seguidores lo asumen con fanatismo y pretensiones universalistas que niegan la validez de otros rumbos alternativos. Es el caso de John Barth y su Ópera flotante (1967), una novela que empieza, como muy pocas actualmente, con una especie de prólogo cervantino titulado Afinando mi piano en el que el narrador, un carismático, excéntrico y excesivamente racional abogado-escritor que combina las mejores cualidades del crítico de Pálido Fuego, del Bernardo Soares del Libro del desasosiego y del ubicuo, discreto y jocoso Sancho Panza - aunque parezca increíble -, explica el porqué del curioso título con que ha venido a bautizar su novela. En sus propias palabras:

Siempre me pareció una buena idea construir un barco de espectáculos con nada más que una gran cubierta y hacer que allí se interpretase sin cesar una obra de teatro. El barco no estaría amarrado, sino que flotaría arriba y abajo del río y el público se sentaría en ambas márgenes. Podrían ver cualquier parte de la obra que se interpretase cuando el barco pasase flotando, luego tendrían que esperar a que volviera con la marea para repescar otra parte si todavía estuvieran allí sentados. Para rellenar los vacíos, tendrían que usar la imaginación, o preguntarle a vecinos más atentos, u oír las palabras que se dicen y pasan de una punta a otra del río. La mayor parte del tiempo, no comprenderían nada de lo que sucede, o pensarían que lo saben cuando en realidad no es así. Muchas veces podrían ver a nuestros amigos, los actores, pero no oírlos; ellos pasan flotando; nosotros les prestamos nuestra atención y debemos depender de los rumores o perderles de vista por completo; regresan flotando y nosotros renovamos nuestra amistad - para ponernos al día - o nos damos cuenta de que nosotros y ellos ya no nos comprendemos más. Y estoy seguro de que así será como funcionará este libro. Es una ópera flotante, amigo, cargada de curiosidades, melodrama, espectáculo, instrucción y entretenimiento, pero flota al azar en la corriente de mi prosa vagabunda. Aparecerá ante tu vista, desaparecerá, espíala de nuevo; y puede requerir los mejores esfuerzos de tu atención e imaginación - además de cierta paciencia, si eres una persona corriente - para seguir el argumento a medida que aparece y desaparece de tu vista.

John Barth es un auténtico heredero de Laurence Sterne y de las digresiones del Tristram Shandy. Antes que de vacíos, el argumento de su novela está lleno de meandros, repliegues, curvas y momentos de reposo que nos permiten enriquecer nuestra experiencia de la ficción con una lucidez que descarta la facilidad de los sueños.
« Home | Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »
| Next »

12:41 p. m.

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.    



2:19 p. m.

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.    



4:25 p. m.

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.    



7:47 p. m.

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.    



» Publicar un comentario