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El diario de Antoine Doinel

Apuntes de un escritor francés que jamás escribió sobre Francia

La mujer del detective



Siri Hustvedt. Poeta y ensayista noruega nacida en Minessota en 1955. Se casó con Auster en 1981.

"En un plano personal, considero que Ciudad de Cristal es un homenaje a mi esposa. Es una especie de autobiografía ficticia y subterránea, un intento por imaginar cómo habría sido mi vida si no la hubiera conocido. Por eso tuve que aparecer en el libro como yo mismo, pero al mismo tiempo Auster es también Quinn, aunque en un universo distinto". (Entrevista a Paul Auster).

Daniel Quinn es un detective entregado a las fuerzas del azar; en otras palabras, un hombre común. Una noche, recibe la llamada de una mujer que pregunta por un tal Paul Auster (personaje homónimo del escritor americano), a quien toma por un detective privado. Quinn, escritor fracasado de novelas policiales baratas, decide hacerse pasar por Auster, asume la identidad del detective y se embarca en un extraño caso que no vale la pena reseñar aquí. Lo importante es que, en determinado punto de la trama, Quinn llega a conocer al Auster verdadero. Entonces descubre que Auster no es quien parecía ser. No es un detective privado, sino un escritor como él. Un personaje ficcional que se parece demasiado al Auster de carne y hueso que escribió Ciudad de cristal.
Este Auster dentro del libro está casado con una mujer llamada Siri. Por cosas del azar, que no es tan azaroso como aparenta, Siri es también el nombre real de la esposa de Paul Auster, el hombre detrás de la escritura. No es difícil darse cuenta de que la línea entre ficción y realidad es aquí demasiado delgada como para no sospechar de las secretas intenciones que alientan la creación. Auster se incluye a sí mismo como personaje de su novela, pero no de la manera directa que podríamos esperar. Porque él también es, de alguna forma, Daniel Quinn. Quinn es un Auster que ha perdido a su esposa y su hijo, un Auster paralelo, un Auster oscuro y miserable para quien Siri es solo un deseo imposible. El autor ficcionaliza su propio yo y lo encarna en dos personajes opuestos: el primero, casi idéntico al real, se llama Auster y es un hombre feliz; su alter ego, Daniel Quinn, lo ha perdido todo, incluso a sí mismo.
En la última parte de la novela, el lector descubre que la narración objetiva, tramada por una tercera voz impersonal que roza la omnisciencia, corresponde en realidad a un testigo oculto, un personaje inscrito en el mundo de la ficción que ha dado con el cuaderno rojo de Quinn y se ha decidido a contar su historia. ¿Quién es este misterioso personaje que nunca revela su identidad y se presenta, simplemente, como alguien que conoce los hechos y se dispone a narrarlos sin querer intervenir? ¿Debemos aceptar que se trata de un anónimo, un extra que actúa como un recurso del relato? Parece ser así, pero yo estoy lejos de sentirme satisfecho con una respuesta semejante. Este relator, este cronista de los pasos de Daniel Quinn es – tiene que ser – alguien más. Pero ¿quién?
El mismo Auster – el homónimo ficcional – nos da la respuesta. Cuando se encuentra con Daniel Quinn, los dos escritores conversan sobre Don Quijote y Auster revela una interesante tesis sobre la verdadera identidad de Cide Hamete Benengeli, el supuesto cronista de las aventuras de Don Quijote. Auster nos dice que el verdadero autor del libro no es el árabe que todos suponemos, sino una verdadera conspiración de autores enmascarados. Sancho, que acompañó a su amo en todas sus salidas, guardó en su memoria los hechos acontecidos y se los relató al Cura y al Barbero; ellos escribieron el libro que narraba estos hechos, y el bachiller Sansón Carrasco lo tradujo al árabe. Como último paso, el propio Don Quijote tradujo el manuscrito árabe al castellano. En otras palabras, el personaje ficcional fue también el autor del libro que contaba sus propias aventuras. Don Quijote caballero, Don Quijote escritor. Paul Auster detective, Paul Auster narrador.
Quien narra las aventuras de Daniel Quinn, el narrador en primera persona que revela su existencia al final de la novela, podría no ser otro que el mismo Daniel Quinn. Como Don Quijote, decidió poner por escrito sus propias aventuras y ocultar su identidad de narrador. ¿Por qué habría de hacerlo? Naturalmente, para que nosotros, los lectores, asumamos el rol de detectives y lleguemos solos a la verdad. ¿Podemos quedarnos con esta respuesta? Parece una solución probable para el caso, y sin embargo, si consideramos que el detective es el hombre que descarta lo aparente y toca el fondo de los hechos, ¿qué nos impide dar otro paso y afirmar que si Daniel Quinn es un alter ego de Paul Auster (el escritor dentro de la ficción), Paul Auster (es decir, Daniel Quinn) es también el autor de las aventuras de este falso detective que asume su nombre? Y que lo asume no en vano, sino porque, en realidad, ambos son la misma persona habitando dos universos opuestos, uno luminoso y el otro sombrío. Finalmente, solo nos queda Paul Auster narrando las desventuras nunca ocurridas de una vida que jamás vivió, pero que pudo haber sido la suya si nunca hubiera conocido a su esposa, Siri, una mujer que cruza la línea entre la realidad y la ficción para instalarse como el punto de anclaje entre los fragmentos de una existencia desgarrada. Paul Auster contando la vida de Daniel Quinn, un Paul Auster infeliz: él mismo, una vez más. Pero desechemos por fin esta dudosa línea entre realidad y ficción – que ya se viene haciendo demasiado problemática – y digamos que Paul Auster (el escritor en la ficción) no es otro que Paul Auster (el escritor en la realidad). De esta manera, todo se simplifica. Y solo nos queda la historia de un hombre y su mujer, una mujer que le cambia la existencia y le da un motivo para imaginar la tragedia de una vida que bien pudo haber sido más real que la realidad.
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10:09 p. m.

Bienvenido al mundo del blog

Quark

pd. La tía de Auster está interesante.    



11:42 p. m.

Aja! así que ahora ya estás computarizado, informatizado, cibernetizado... qué miedo! a abrocharse el cinturómmmmmm...

Page    



5:35 p. m.

ta bem bonito teus textos.

O Sambeiro.    



2:11 p. m.

Realmente interesante. Te confieso q tuve que releer en seguida "La ciudad de cristal". Sigo tu tesis basada en Don Quijote, por más q me quedé tranquilo de principio con el narrador anónimo, y hoy pienso q sí, quien narra no debe ser el propio Quinn (me suena tirado de los pelos), sino el Auster ficcional, que lo hace en calidad de anónimo (supuesto amigo) por sentimiento de culpa que incluso se expresa en las líneas finales del libro. Es decir, es otra existencia desgarrada a lo Quinn a partir de la tragedia personal de éste. Si se trata de un narrador testigo, no habría otro más apropiado que él pa relatar el hundimiento de Quinn; lo del amigo me resulta inverosimil. Qué gran historia; aún me resuena en los oídos la última frase, y solo queda decir yo tb le deseo suerte, donde quiera que este.    



10:23 p. m.

Vaya que fotografía, qué mirada, que mujer...    



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